viernes, 6 de julio de 2007

ESMERALDA - De mi vida- [Javi]

Apenas recuerdo la primera imagen de mi infancia, cuando con tan solo 3 añitos me perdí en la playa de Estartit; soplaba la tramontana cuando me fui detrás del flotador. En ocasiones, una imagen vale más que mil palabras y yo tengo grabado en mi memoria caminar por la arena llorando desconsoladamente buscando a mis padres y hermanos. Tras una intensa búsqueda y por lo que me han contado, me encontraron cuando ya se me llevaba una pareja extranjera. Tan sólo 3 años y recuerdo que me cogieron de la mano y me daban un besito. Era ella, mi hermana, de la que no recuerdo si balbuceaba su nombre o ya desde ese momento y por siempre empecé a llamarla NENA .


Istambul 2006
A pesar de tan temprana edad, y con esos 3 años y 9 meses de diferencia que nos separan, crecimos en Figueras, una casa que al ser tan pequeños, todo parecía grande. El jardín parecía inmenso y la piscina que era como un estanque, era tan grande para los sentidos, que jugábamos, nadábamos y hasta saltábamos, tanto que gozamos todos los veranos de una infancia que, gracias a las películas de súper 8 en blanco y negro y diapositivas, se me antoja muy feliz.


El antes y el después

Ya en Barcelona, seguíamos siendo pequeños, pero la casa si era realmente grande, como para seguir creciendo y cada uno con su espacio. Son muchas las imágenes que se me vienen a la memoria. Recuerdo que cuando iba al colegio, lo que no me gustaba nada era las clases de dibujo, porque lo de la pintura lo llevaba fatal, pero tú que ya empezabas a demostrar tus dotes plásticas me sacabas de apuros ya que los trabajos los pintabas en casa hasta casi completarlos, entonces yo en clase sacaba mi plumier “stadler”de lápices de colores y lo terminaba de colorear. Era genial, porque casi siempre la “seño” me ponía Notables o Sobresalientes. Llegaba a casa y te decía hemos sacado un Notable, claro que con el tiempo, nunca me he dedicado al Dibujo ni nada que se le parezca.

Puestos a recordar, Las navidades tenían un significado especial, sobre todo Papa Noel y por supuesto los Reyes Magos; la sala de estar era el lugar indicado para dejar los regalos y eran tantos que apenás cabían en la habitación. Ya algo creciditos y sabiendo lo de la magia Real, no se me olvida verte salir de la habitación emocionada y gritando...¡¡ Han venido los Reyes, han venido los Reyes!!,no pude por menos evitar la carcajada más que nada porque ya estabas rozando la mayoría de edad y no se me olvida la cara que puso Papá, diciendo si es que sigue siendo como una niña, aunque te imitaba realmente bien , en la faceta de lela mental y con las consiguientes risas .

Los eternos veranos de Castelldefels en “Villa Maruja” eran geniales, siempre me acuerdo del abuelo Eduardo, que decía:”Esta casa tiene la edad de Esmeralda, porque se hizo y se compró cuando naciste”.
Crecían las plantas y los árboles frutales a medida que íbamos creciendo nosotros y pasando largos dias y noches, en familia y amistades, hasta que por el mes de Septiembre, solía caer el diluvio y las consiguientes inundaciones y sobre todo un regreso que casi siempre,por la autovía, se encargaba El Corte Ingles de decirnos aquella maldita frase de “la vuelta al cole”.


Si hablamos de viajes compartidos, recuerdo que por allá la Semana Santa del año 85, convenciste (y es que si algo tienes es un poder de convincción innato) a Papá y Mamá para ir a Túnez. Fue un viaje genial aunque Mamá no opinara lo mismo, ya que entre que te perdiste un par de horas por el desierto de Douz (pérdida por voluntad propia) y la persecución mora por los zocos, Mamá xasi termino jurando en arameo o bereber ¿Qué donde esta Esmeralda? pero...¿Qué esta haciendo hablando con esos? ¿Qué por qué tenemos que ir a ese sitio tan solitario? Yo le decía tú tranquila Mamá que han empezado ofreciendo 2 camellos por ella y ya voy por 6. Papá me regaló su antigua cámara Wöigtlander de hierro macizo, y que pesaba como 3kg y no me puedo olvidar de de la excursión en camello por el desierto cuando los camellos se pusieron al galope, tus gritos desaforados y donde yo también chillaba porque me deje buena parte de mis partes nobles y por supuesto una bolladura en la cámara de fotos al golpear con la silla del camello. Desde ese viaje, creció mi afición a la fotografia pero no a ir en camello.


El viaje que hicimos tú y yo a Nueva York en el año 91, la verdad es que no tuvo desperdicio. Lo pasamos muy bien y quedamos encantados con la ciudad, bueno, también con algún que otro dolor cervical de mirar tanto para arriba y unas buenas agujetas. No se si te acuerdas que queríamos ir al museo Guggenheim y el autobús iba bastante lleno de gente de toda raza. Cuándo nos tocaba la parada, el conductor del bus, nos dijo que el museo estaba cerrado, decidimos continuar el viaje y a continuación el barrio de Harlem. Cuándo nos dimos cuenta, todo el pasaje era negro y el conductor (que seguía siendo igual de negro,porqué era el mismo),nos dijo: "más vale que se bajen aqui, porqué entramos en zona peligrosa y a esta hora los "negritos" estan durmiendo". "OK, thank you, very much" le contesté, o sea, para abajo y otra vez a descubrir y recorrer la "Big Apple". De regreso al aeropuerto me quedé con la frase que dijo el guía: "Ahora que ya conocen un poco la ciudad de Nueva York,pueden decir si les ha gustado o no, pero lo que es seguro que pueden decir es que, yo he estado en Nueva York"


Y así, cómo un viaje más en la vida, y perdido el año pasado por las calles de Estambul, encontré una tienda con el rótulo ESMERALDA -de mi vida- y cómo una imagen vale más que mil palabras, me vino a la memória cuándo me perdí en la playa y pensé: aunque ahora si puedo pronunciar el nombre de Esmeralda, para mí siempre será LA NENA" -de mi vida-


Muchas felicidades y por muchos más...y que todos los veamos.
Javi

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