lunes, 25 de junio de 2007

Buceando en la memoria [Juan Manuel]

Uno de los encuentros campestres entre primos (aparecen Juan Manuel, Litas, Juan Carlos y Esmeralda). Debe ser en el Mongrí"

La Armada Brancaleone, lanzas -de caña- en ristre..."

...y me he quedado con la postal de Venecia

Esmeralda da -como saben muchos de los que han participado por aquí- para más de un libro bien completo. Y disponiendo de tiempo, hasta yo me vería con posibilidades de llevar a buen puerto alguno de ellos.
Buceando en la memoria, se podría encontrar la base para unos cuantos capítulos, aunque ahora sean sólo recuerdos de esos envueltos por unas espesas, nebulosas capas:
· Como cuando, seguramente sin tener aún ni cuatro años, prestó, en un acto heroico no del todo apreciado por el destinatario, un repuesto de su ropa interior, para reemplazar la prenda original de su hermano mayor, maculada e irrecuperable debido a la violenta emoción provocada por el vuelo de un avión miniatura (¿era eso?) en un campo en el que nos encontramos ese año las familias de los dos hermanos: Manolo y Cocán. En casa de Manolo se rememoraba con cierta frecuencia la tremebunda frase aviso que gritaba repetidamente un Juan Carlos espantado: "¡Que me he cagao!" y la que luego, ya sin gritar, pero con exigencia, iba imponiendo a su madre: "Cuando lleguemos, me las cambias ¿eh?" Eran, ciertamente, de un color rosa propio de la feminidad de la pequeña, pero impropio de otros ocupantes.
· Apenas recuerdo imágenes sueltas de otros encuentros, siempre en terreno neutral, entre Figueras y Tona. Uno fue cerca de Camprodón. Pero casi sólo me viene a la cabeza la emoción de ver llegar desde el otro lado del puente el coche de Cocán con todo el mundo dentro, y eso seguramente porque había una foto que lo atestiguaba. Era la misma emoción que cuando anualmente, ya pasadas como dos semanas de la fecha, llegaban a casa los juguetes que habían dejado los reyes "de Figueres". Eran unos juguetes diferentes de lo habitual, fuera de moldes, espléndidos. Como era diferente por completo el aire que desprendían los primos de Figueras, criados en un clima de libertad y consentimiento opuesto por completo al de contenimiento y austeridad que regía en calle Vallirana 78. Sólo en cuestión de ropa la cosa venía invertida, y el constreñimiento correspondía a los de Figueras. Nosotros, los de Barcelona, con trajes de baño y pantalones para durar varios años yo, con vestidos a pasar de Litas a Maite ellas. En Figueras, si bien también se daba eso de vestir el mismo conjunto (recuerdo fotos de hasta los cuatro hermanos al unísono), puedo asegurar que Esmeralda no heredaba sus vestidos de nadie -ella era "LA Nena"- y que los bañadores y pantalones de ellos eran rabiosamente del y para el año en curso, y no podrían seguir por fuerza y compresión el año siguiente, en que se impondrían unos nuevos.
· La comunión de Jorge y Esmeralda, con el banquete en la terraza cubierta de la magnífica casa de Figueras, donde la mesa de ping-pong, en el alargamiento para "los niños". Pero apenas si recuerdo de entonces a Esmeralda, y sí en cambio al niño que me tocó al lado, con gafas de concha y lengua punzante, y que logró intranquilizarme bastante. No sé si fue antes o después -lógicamente debería ser después- cuando le alteré seguramente sus pensamientos a perpetuidad, en el momento en que -juro que por error no intencionado- la bola -metálica y pesada- de la petanca con que jugábamos en la playa se escapó de mis inexpertas manos hacia atrás en vez de hacia adelante, y fue a parar a la cabeza del niño, a la sazón el Reguera totalmente rumbado que más tarde descubrí en la ópera prima ("ídem") de Fernando Trueba.
· Otras estancias posteriores en Figueras o en Tona, juegos infantiles y emulaciones de películas de vaqueros mal asimiladas, incluidas canciones country en inglés fónico, por llamarlo de alguna manera.
· Esmeralda ya mayor, larga y estrecha, entrando y saliendo con gran habilidad y una velocidad de vértigo de la piscina de "Villa Maruja", en Castelldefels.
· Encuentros varios en fiestas y reuniones familiares, con una Esmeralda ya despierta y atenta como no ha sido nunca normal en la "family" a libros, pinturas, películas,... Tras la comida navideña venía la ida de los jóvenes -que ya no niños- a la segunda sesión de cine. Primero éramos casi todos los primos, y quien se reveló como un auténtico experto en el soborno elegante a las taquilleras para conseguir entradas fue Juan Carlos. Pero luego, a medida que iba subiendo la exigencia en lo que ir a ver, casí sólo quedaba como entusiasta espectadora Esmeralda, con lo que se fue creando bastante complicidad. Al margen incluso de fiestas navideñas recuerdo que, dándomelas de "conaisseur", la llevé a ver alguna que otra película que entonces consideraba inapelable, como "La noche del cazador" en el Alexis, cuando el Alexis era el cine descubridor por antonomasia.
· Postales. Un montón de postales, a una por viaje. Y ha viajado mucho. Ahora que ya no se estila esto de la correspondencia postal, yo le correspondo con más postales, de venga sitios diferentes también. Y a ver quién más.
· Transacciones económicas al pie de casa, sin subir ni un sólo día. La escena se desarrollaba siempre así: Llama por teléfono, dice que trae lo recolectado y yo bajo a la portería. Llega ella -todo casco, el abrigo al viento- veloz en una pequeña motocicleta. Sólo un par de besos, pasamos revista a la situación y, al final, sin tiempo, la transacción económica. Otras veces, como no he estado en casa, soy yo quien le digo que iré a su casa, y se produce el mecanismo contrario: Es ella quien baja a la portería de uno de los primeros edificios de Bofill en Barcelona. Idem. Estuvo durante un montón de años recogiendo en su taller de restauración el montante del alquiler de un parking de la calle Zaragoza, donde yo guardaba antes mi descapotable. No se cobraba ni siquiera una comisión, por lo que si se moja esto de los años cumplidos, yo pago una ronda bien completa, que se lo debo.
· Invitaciones a El Perelló. Ya se ha cansado, viendo que no vamos por ahí, y ha dejado de insistir. No sé: supongo que es por eso de lo duro de la vida agraria, porque veo que hasta a Arturo le ha llevado a dejar en alguna ocasión la hamaca, porque han habido culebras en la balsa, ...
· Asistente veterana a las sesiones de Ingenieros, incluso de cuando no iba demasiada gente. Aunque sólo fuese por esto, ya habría para quererla, ¿no?
· En la boda de Javier (alias Resti), con su comentario sobre "nuestro querido Arturo", que dejó fijada la definición. A parte de eso, atractiva figura invitada en muchos de los "Informes" de Arturo, que conservo como joyas del "Mail art".
· En los últimos días de Cocán en la Quirón, esperando a ver si resistía, reaccionaba y lograba salir de la inconsciencia. Entrando con ella a verlo, incluso a darle una palmadas en la mano. Pero nada. ¡Porca miseria!
Hay pues, con estos mimbres, para un libro.
¡Pero resulta que no para un Fotoblog!
Sin reportaje gráfico (a no ser que hubiera una películita de 8 mm de esas a las que Cocán era tan aficionado: ¿cuándo su recuperación?) del "Que me he cagao!", o de las braguitas rosa de la Nena. He visto fotos de encuentros y fiestas familiares, pero sólo he dado en casa con la de la mesa de la boda de Litas, en la que Esmeralda está a mi derecha, y yo le estoy embolando sentando cátedra de algo mientras ella escucha muy atenta, pero habría preferido fotos de los momentos en que no se hacen fotos. Quizás lo de los móviles no sea tan malo como creo, y como llevan incorporada una cámara fotográfica se dejará de posar, pudiendo recoger la verdad sin ser un fotógrafo de excepción. Pero hasta entonces, de todos los momentos de verdad, sin documentación gráfica.
Con lo que he optado por buscar una postal enviada por Esmeralda, y me he quedado con Venecia. Me la envió al empezar los 80. Venecia, como Nueva York, van con Esmeralda...
¿Cómo es que, viviendo ahora tan cerca apenas nos veamos?
Yo creo que somos como dos imanes de polaridad opuesta, pero mantenidos apartados un cierto radio mínimo, que hace que las ondas magnéticas sólo lleguen de uno a otro muy tamizadas vía alguna que otra postalita o e-mail (más espaciados las primeras que lo que Esmeralda me parece que querría y los dos que lo que un servidor querría).
Un abrazo, Esmeralda. ¡Que te vayan muy bien estos tacos que celebras y a por todo!
Juan Manuel

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